Entre mis dedos…tus flores
Tus manos. Como acaricias tu gato. También tu sonrisa constante. Adoro tus besos y como proteges tu nido. Tu deje argentino cuando se te escapa y me llamas de vos. Tu coche aparcado. Tu miedo a ser de alguien y tu pánico a no ser de nadie. Que existas no porque estás sino porque eres. Tus deseos de huida inmediata y quererse quedar hasta el final. Volver para verte y volverte a ver. Tus recetas imposibles y esa dieta sin vino. Tu música y tus dedos buscando los míos. La herida del pecho y tu pecho herido. Tus rincones y tus escondites. Sentir el ritmo de tus latidos en mi mano y el alboroto de tu cabello ondulado mordiéndote los labios sobre mi. El tacto de tu espalda, el recorrido sublime de tu cintura y subirme a tu cadera. El calor de tu respiración. Mis besos en tu cuello y el movimiento de ese tu andar pausado regresando de madrugada hacia el portal. Tu piel de perfecta porcelana japonesa de sábados alternos por la tarde.
Tenés razón rosarina, tenés razón... De aquellos fangos, estos lodos!
Apenas hago otra cosa. Deseo, con todas mis fuerzas, llegar a puerto. Al puerto seguro que elegí como destino. Colgado de un hilo, tambaleando, pensando que no me quiero despertar. No hay casi aire en los suspiros. El talento se cultiva en la calma pero el carácter en la tempestad. Porque el navegante que mejor navega no es el que lo hace en pleamar sino el que muestra tu talento, sabiduría, habilidad y buen hacer cuando baja la marea y afloran las rocas con las que el barco fácilmente puede encallar o chocar. El mejor guerrero no es el que gana la batalla sino el que una y otra vez vuelve a ella. Deseo llegar cuanto antes y no voy a abandonar el barco. Puede que no llegue. Puede que me pierda en el mar y no llegue. Puede que me hunda y me ahogue. Que desaparezca para siempre. Puede que la tripulación me abandone. Puede que me dejen solo incluso en el peor momento. Puede que demore demasiado en llegar. Puede que me hieran y tenga que reparar mi barco y lamerme las heridas para continuar. Todas esas cosas, más y peores, pueden pasar, pero… yo no me voy a bajar de mi barco.
Quiero bailar contigo. Buscarte con la mirada y encontrar tus manos. Volver a morder tus labios con los míos, volverte a tener, quedarme tus besos, robarte tus sabores y apoderarme de tus olores.
No te puedo llevar conmigo, es irrealista, verdad? No voy a tratar de convencerte porque no hay razones para este viaje que no sean las que uno trae de casa.
Tenés razón rosarina, el mar es inseguro, bravo y traidor si no le respetas. No hay por qué sacar el coche a pasear si no se quiere ir a ningún lugar montado en él. Sin rumbo hacia ninguna parte y a todas. No hay por qué y sería contra natura retorcer la paz ganada a pulso, el orden establecido y la legalidad vigente!
Se que voy a hacer… siempre lo supe. Tengo herramientas y se como usarlas. Rezo por mi puntería.
© Ramón Núñez | 2014