A Rubén Bellver
15549
post-template-default,single,single-post,postid-15549,single-format-standard,bridge-core-1.0.6,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-theme-ver-18.2,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive

A Rubén Belver

Estos días atrás estuve muy «ido». Se paró en seco mi mente, mi corazón, y se helaron mis sentimientos. Por ende, ni videos ni fotos en facebook en este trozo de «sabbatical tour». El glaciar Perito Moreno (Argentina) -donde estuve- por siempre estará asociado a mi dolor de estos días. Fue «la imagen» de mi tristeza. Por eso puse en whatsapp «sadness» (tristeza). Me retiré. A mi manera, como yo soy. Me quedé en la última fila. Detrás. Como me apetece. A mi estilo. En mi línea. Apartado. Sin hacer ruido. Sin escenas, ni dramas ni escándalos. Una vez más, cuando me duele mucho -como ahora- me aparto, me quedo solo, aislado, en silencio… que me dejen!, hasta que se me pase un poco todo esto y vuelva a darme cuenta de las reverencias que me hace la vida al pasar

Ojalá nada hubiera ocurrido jamás. Ojalá hubiera un parentesi y las cosas del lunes 27 de junio no hubieran ocurrido. Me duele. Me duele horrores. Lo que pasó fue muy grave y me afectó mucho: Uno de mis mejores amigos de toda la vida -desde los 13 años-, de Barcelona (Sabadell), una buena persona, con un corazón enormementente generoso, buen amigo, siempre dispuesto, noble y demasiado entregado a cambio de nada… decidió suicidarse. Por supuesto, la muerte de mi amigo eclipsó -lunarmente y por completo- todos mis otros pensamientos. A los que me enviasteis mails, sms, «whatsapp», etc., y/o os preocupásteis por mí en facebook, os doy las gracias infinitas..

A mi querido, buen e íntimo amigo le digo que no se ha llevado sólo su vida.

Le digo, a pesar de que ya ni me lee ni me escucha, que se lleva, arrancándomela, buena parte de la mía. Le digo, otra vez, que para mí la vida trae siempre dos noticias constantes e indiscutibles, una mala y otra buena: la mala, es que nos morimos; porque la vida es en sí una cuenta atrás, pero que la buena noticia -y es muy buena-es que no sabemos cuándo se dará la mala, y que en general todos esperamos/deseamos que sea muy tarde. Que mientras eso ocurre -y puede que sea antes de lo pensado- la pregunta a responder con acciones inmediatas es: ¿Qué quieres hacer con tu vida hasta el preciso instante de tu muerte? Hay gente que muere de repente (o enferman gravemente) y, ellos, sus familiares y amigos, no tienen la oportunidad ni el tiempo de maniobrar nada

¿Te imaginas que hubieran tenido, solo que fuera, 10 minutos antes? No me jodas! Está claro!: hay que tomar las riendas propias para que no nos pille el toro. ¿A qué esperar?¿Quién quieres que te acompañe en el día a día y quién no? Hay que hacer lo que uno quiere. No hablo de nada material. Nunca es lo más importante. Ni tampoco de echar la casa por la ventana. Es más fácil aún: Hay que decirles a aquellos a quienes queremos que los queremos, que nos arrepentimos (o no), que nos sentimos ridículos (o no), que estamos bien, mal o regular o lo que sea, y mejor aún, que te quiero, te extraño y te echo de menos. Nobleza. ¿A quién llamas tú antes de que tu avión despegue o al aterrizar? y lo que es mejor, ¿Quién te llama? Que sí, lo sé, la clase entera se ríe y ridiculiza al niño de la escuela que le dijo a su compañera de clase «me gustas», «te quiero» y porque ella lo rechazó, los demás se mofaron, cuando realmente, el único valiente de la escena fue él -que dijo lo que sintió-, y los cobardes, los otros. Que esta sociedad que somos todos está tonta, sentimentalmente anestesiada y actúa como el resto de esa clase

¿De verdad importa lo que digan? La vida hay que morderla, saborearla y palparla con las manos.

Que este invento de la sociedad moderna donde los «caminos» de uno no convergen con los de otro, es un absoluto absurdo: yo me cago en los caminos no convergentes! Ahora mismo, escribiéndo esto, siento mi alma, la noto… hecha añicos. Me cruje todo por dentro como si mi cuerpo fuera uno de esos grandes trozos de hielo que se desprenden secos del glaciar que ví. Me desgarra el pecho. No es para nada justo que me duela tanto. Ni si quiera puedo llorar. Yo, ya, ni puedo llorar. Tú, que me conociste desde siempre, sabes que nunca hice nada malo y soy, en esencia, un hombre bueno. Esto que hiciste, amigo, no es de recibo, ya es bastante la saliva que tragué, pero como no me queda otra y mi espalda sigue siendo ancha, grande y más fuerte que nunca, ni te creas que me vas a doblegar. Tú ya no estás y este cuento sigue: Fíjate qué estupidez!

Que esto es lo que tú buscaste, pero que egoistamente te llevaste un trozo grande de mí. Estoy seguro que, como otras veces, si yo hubiera estado cerca, te hubiera convencido de lo evidente, pero esta vez sabías que estaba lejos. No tengo pena. Tengo mucha rabia. Yo no me merezco esto de ti -ni de nadie-. Me tracionas. Con esta última «rubenada», te has pasado tres pueblos «company», y ésta no te la perdono (però què has fet Rubén? Què m’has fet??). Ahí arriba ya tenemos todos demasiada gente que murió antes de lo debido por una u otra causa… Ahora ya sí, al menos, espero que tú, mi buen amigo Rubén, descanses en paz. Yo, por mi parte, aunque a menudo me tiemblen las piernas, seguiré aquí, apretando los dientes y golpeando con toda mi fuerza, tratando de vencer una y otra vez a Goliat.

© Ramón Núñez | 2016