Valerie Bar
Verás, estoy en NYC, concretamente en la 45 entre la 6ª y la 5ª, en un bar que se llama Valerie. A mi derecha, en la barra, hay una joven bellísima, morena, de unos veinti y pocos, altísima, estilosa y …borracha como una cuba. Un tipo le acaba de pasar una papelina de coca e inmediatamente él se fue del bar. Sin querer me di cuenta de todo y ellos también de que yo lo vi. Fue tan evidente que rozó lo torpe. Ella sigue tras de su copa. Bebe Whisky en un vaso corto. Estoy convencido que es modelo. Cuando llegué estaba leyendo un libro con el título de “Symbol Status”. Ahora, después de la entrega ya volvió del aseo y no lee. Tardó, pero parece más desenvuelta, mejorada, menos borracha.
De repente me acordé de ti. No por la borrachera ni las drogas. Te imaginé años atrás en los mil sitios donde estuviste siendo muy joven, incluyendo obviamente NYC, la mayoría de las veces sola. Absolutamente sola.
Ella, al igual que yo, trastea con su teléfono. Nadie le dice nada. A mi tampoco. Escribo esto mientras noto que me observa disimuladamente. Se perfectamente lo que le pasa: Se siente sola. Puede que durante el día no esté físicamente sola, pero se siente infinita y perdidamente sola. Busca una sonrisa verdadera, una charla, un gesto cómplice.
Me hace pensar. Lo fácil es irse por los pensamientos del lado tipo “pobrecita ella”, “esto no compensa, vuélvete a tu casa con los tuyos, que te quieren -supongo- y deja de sufrir”. Pero no. En realidad, no estoy pensando así. De hecho, salvando la diferencia, estoy viéndome reflejado en ella (no por las drogas, porque nunca me drogué) sino por la soledad que nos llevó al mismo bar en el que tanto ella como yo estamos, con la excusa de una copa, detrás de nuestros teléfonos móviles. Este es un lugar donde, simplemente, hay gente. Mucho mejor que irse a casa. Alargar el día, retorciéndolo para convertirlo al fin, in extremis, en algo positivo. Nadie, ni nosotros mismos, podremos reprocharnos nunca no haberlo intentado hasta el final.
Quizás ella es una modelo que está buscando su futuro en NYC y, en mi caso, algo parecido. Para los dos, la soledad y la incomprensión de los demás en el proceso de búsqueda es la misma. Perseguir los sueños no es fácil y se pagan peajes (muchos) que suelen ser muy caros. La gente no quiere ser parte del proceso, sólo del resultado. En el proceso es cuando descubres quien merece ser parte del resultado. Cuanto más alto es el sueño, más titánico el esfuerzo. A veces, esos peajes son tan difíciles de pagar, se sufre de tal manera que uno mismo se tienta a sí mismo con abandonar. Las dudas son tan razonables, tan lógicas y aplastantes que, en ocasiones, no hay intuición que les pueda hacer frente. Lo peor asalta cuando la mente se debate en si lo que se está haciendo va en sintonía con lo que realmente se desea.
© Ramón Núñez | 2018