Vivo entre dos mundos
Uno de ellos se puede describir como oscuro, sombrío, apagado, triste, angustioso -muy angustioso-, pero real, muy real, la puta realidad, y se puede ubicar y concentrar en «el pueblo» -dice mi cuñado-.
El otro mundo se describe como la vida, la esperanza, mi latir, mi alma, mi cerebro guiado por mi intuición, mi sensatez, mi pasión, mi saber hacer, mi erección (gorda, grande, lasciva, venosa, flujosa… tengo un arma y se como usarla!!).
Ambos mundos son verdad.
La primera verdad es obvia, todo el mundo que sea racional, listo, bravo, soso o alegre, estúpido o idiota, inteligente, sensato, prudente o pensador, obvio, razonable, racional, cuerdo o analizador extremo puede dar fe que -dado lo dado- dado que lo que tenemos es lo que tenemos y, por tanto, el escenario evidente es el que es, los experimentos con gaseosa, no son, ni posibles ni deseables -y en ese dado lo dado- se concluye con un «ni se le espera, ni conviene!». Los sueños, para otro día, -ya si eso- más adelante. En cuanto sea razonable.
La segunda verdad se antoja más difícil de justificar -sino casi imposible-. Arde en pasión, razona en base a la intuición, respira en subjetiva sensatez de escuela con estilo propio, huele a posible con la nariz que Dios me dió y palpita en un mundo desconocido, extraño, aventurero y hasta temerario para buena parte de la humanidad, siendo además el mundo donde yo me postulo a rey casi soberano.
Eriza la piel y huele a fresco. Ni se cómo argumentar. Ni se cómo convencerles de que «es así» mientras en mi mente, a ratos prodigiosa, a ratos enfermiza, trata de salir del «pueblo». Muerdo y saboreo. Muerdo con gusto, ganas y fuerza. Respiro aire puro y mis pulmones me responden -fuera del pueblo- con poder! Mucho poder. Es mi poder. Nada extraño. Lo conozco. Son mis recursos. Es mi patrimonio real. Soy rico -solo en eso-. Soy el dueño de la fábrica de ideas mientras mi banco no entiende y me devuelve los recibos por impago. Qué sabrán ellos? Infelices!
¿Cuál de los dos mundos ganará la gran batalla?
Se que voy a hacer… siempre lo supe. Tengo un arma y se como usarla. Rezo por mi puntería.
Ganará aquel mundo al que yo cada día alimente.
© Ramón Núñez | 3 marzo 2015