Democracia de medios, aristocracia de oportunidades
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Democracia de medios, aristocracia de oportunidades

Hoy, por las calles de Quito, me encontré con un niñito que se llama Julio César. Debe tener la edad de Currito (el hijo de mi amigo Curro -me recordó a él por lo delgadito, pelo azabache, grandes ojos, brillo en la mirada, listo, despierto, pero éste en cambio…uuuff!-). Me buscó para limpiarme los zapatos (yo llevo unas zapatillas deportivas -bambas, en Catalunya-). Este «limpiabotas» iba como si se tratara de un personaje de un cuento de Hanns Christian Andersen: sucio, lleno de betún por todas partes, una gorrilla gris y deshilada, ropa rota, deshecha, miedo en los ojos, desconfianza a la gente

Al decirle que no, que estos no eran zapatos para betún, le pregunté si iba a la escuela y su estudiada respuesta, al instante, grabada a fuego, fue «de tarde» (no le creí). Me pidió unas monedas. No sabía qué hacer… (le dí todas las monedas que llevaba encima, incluso las de otros países, ya le dije que apenas tenían valor -las guardaba para mi padre -que las colecciona, aunque estoy seguro que da por bueno lo que hice-). La cosa es que si yo le increpaba por no ir a la escuela, mal! (véte tú a saber si le obligan a esto!) Si no le decía nada, mal también, porque por Dios!!, yo debería hacer algo. Sólo atiné a decirle, «Julio Cesar, tienes que ir a la escuela y aplicarte mucho»

Me viene a la memoria una niñita (Gloria) que conocí hace años en en Chichen-Itzá (Mexico) y que vendía naranjas -en aquel entonces, se las compré todas y nos las comimos con ella los que íbamos-. Julio César no es el único. En el autobús que me trajo a Quito, subió una niña vendiendo refrescos: Ni podía con la cesta!! Esta tarde, idem de lo mismo en un bus urbano. Esto me lleva a que, yo, me cago en la puta madre de todos los políticos que aceptan ser sobornados y que se les reproduzca las cantidades de dinero en males para los suyos!

Me cago en la cara de las instituciones y sus representantes públicos que estando en su mano hacer algo por esto, desvían partidas en business class y coches de alta gama con chofer. Me cago en los que tratan a los perros y gatos como personas y se olvidan de sus iguales. Yo, me cago en todos los que pasan todos los días frente a Julio César y no hacen nada. Yo, me cago en la puta madre de los que se olvidan y tratan con desprecio a Julio Cesar.

Me parecen muy bien todos aquellos con causas nobles que quieren salvar ballenas, elefantes, toros, osos, visones, bisontes, tiburones o hasta la rata marsupial australiana -a la que yo admiro profundamente-, pero, mientras quede un solo niño como Julio Cesar en las calles de una ciudad (en este caso, capital de un país) donde se supone que hay más oportunidades y más gente con posibles, las demás causas entenderéis que me parecen una rotunda memez: ¡vamos hombre! Que el mamut también se extinguió y nadie lo hecha de menos! ¿Y dónde coño está unicef? y ¿No me digáis, además, que hubo pasta por la camiseta del barça?¿Nos estamos volviendo gilipollas o qué pasa aquí??

A los hombres hechos y derechos, a los adultos, a los que viven en la indigencia uno puede entenderlos o no, quererlos ayudar o no, sentirse con obligación o no, responsabilizarles duramente por su pasado irresponsable, por su mala vida perdida en drogas, alcohol, malas compañías o simplemente haberse abandonado a ellos mismos por no tener dos dedos de frente (excluyo de aquí a los dementes, a los que sufren alguna patología psicológa, a los minúsválidos psíquicos, etc.), cualquiera que sea la posición, la acepto, pero ¿a los niños?? Solo porque han tenido la inmensa putada de nacer en una cuna de padres canallas ¿les damos la espalda? ¿A los niños que están así no les damos nada?

Como decía Ortega y Gasset, «democracia de medios, aristocracia de oportunidades» y aquí hay que echar el resto y ayudarles como sea!! Puede que me joda porque no tengo hijos (ni sobrinos!) y probablemente me pase como a esas mujeres solteras que saben que no van a tener descendencia biológica y se compran un perro… La cuestión es que me indigna. Muchas cosas están cambiando en mí en este sabbatical tour, y más que van a cambiar… Hoy, estoy muy cabreado con el mundo…

Quito (Ecuador). 25 de Mayo de 2011.

© Ramón Núñez | 2011